Nosotros, como
individuos, no somos fenómenos aislados. Toda nuestra vida
se basa en relaciones con otros individuos, la perfección no
se puede alcanzar en forma independiente. Como somos una
especie gregaria por naturaleza .No es posible
que cada uno de nosotros desarrolle su propio carácter como
una unidad aislada.
Gran parte de nuestro camino hacia la
perfección personal atraviesa las vidas de aquellos con
quienes nos ponemos en contacto. La forma en que los
tratamos, la forma en que reaccionamos a ellos, afecta
nuestro propio carácter y ayuda a modelarlo, sea para mejor
o para peor.
Las
relaciones fundamentales de la vida humana se encuentran,
por tanto, en la familia. Por grande que sea la amistad,
ella no es la base de la sociedad humana. La base está en
formar pareja. El hombre y la mujer son la unidad
primordial; alrededor de ellos se reúnen los círculos
crecientes de niños, parientes y amigos.
Una de las cosas más esenciales en la vida de todo individuo
es su forma de abordar el
tema del sexo. La gente siempre ha sabido que es importante,
pero nunca ha alcanzado dimensiones como las actuales a la
vista del público. El mundo civilizado se revuelca en
conciencia sexual, en libertinaje sexual, en literatura y en
estimulantes sexuales. No obstante todo el énfasis exagerado
que se ha puesto en él, no parece haberse encontrado la
solución a los problemas que plantea; por el contrario, se
están multiplicando con tal rapidez que los pronósticos
actuales indican que en los Estados Unidos, la mitad de los matrimonios puede fracasar.
Los divorcios dan un salto hacia adelante; la
frecuencia de las enfermedades venéreas, va en continuo aumento; el
índice de natalidad en muchas naciones grandes, disminuye;
la perversión moral aumenta peor que todo, el libertinaje y
la promiscuidad saturan grupos de edades cada vez menores;
en verdad, las prostitutas de menos de nueve años de edad no
son desconocidas en la actualidad en la sociedad occidental,
la que está tocando nuevas profundidades de degradación
moral abismal mediante la creciente publicación de
pornografía infantil, el reflejo de una mentalidad tan
depravada que da terror a cualquier persona normal.
Es
evidente que hay algo que está completamente mal. Debemos estar
actuando en contra de leyes espirituales fundamentales, en
contra de directrices morales esenciales que son
indispensable para nuestro desarrollo, porque sí
estuviésemos actuando en conformidad con ellas, los males
mencionados anteriormente irían en disminución en lugar de
aumento.
Se podría decir, que, en términos generales, existen tres actitudes hacia el tema
matrimonio:
La que es
epitomizada por el oriental, quien no posee elevadas
anticipaciones de hallar sea amor perfecto o cualquier otro
tipo de relación ideal en su unión, que lo considera como un
acto esencial de la vida mediante el cual puede perpetuar su
nombre con honor y puede contribuir su cuota de prole a la
sociedad; La del europeo (por falta de un término más
adecuado), que también tiene pocas ilusiones en cuanto a los
estados ideales de felicidad que puede alcanzar mediante el
matrimonio, quien es más libre en su elección, pero sin
embargo muy convencional en tales cuestiones, y que tiene un
alto respeto por la vida en familia como una institución,
pero que no muestra aversión en buscar su agrado en otra
parte y la del americano, quien espera demasiado del
matrimonio con un esfuerzo excesivamente pequeño de su
parte, que lo aborda en forma en exceso individualista, con
una falta de consideración extrema por el consejo de sus
mayores y sale corriendo de él en forma muy precipitada.