Si la búsqueda de la pareja se basara en el amor y no en el enamoramiento, no
habría matrimonios infelices, y los índices de divorcio no serían tan elevados.
“No hay nada más parecido a estar loco que estar enamorado”, dice Guillermo
Carvajal, presidente de la Federación Psicoanalítica de América Latina. Según
él, cuando alguien padece esta “enfermedad”, deforma la realidad para poner en
el “objeto de su deseo” (hombre o mujer) los ideales que lleva dentro y se
mantiene ciego ante la realidad.
En el enamoramiento lo que existe es una ilusión que no concuerda con la
realidad propia o del otro. Así, una mujer “enamorada” de un tipo más feo que un
carro por debajo lo puede ver como a James Bond.
Si por estar enamorado(a), usted no escoge pareja de acuerdo con sus
necesidades reales (bien sean eróticas, de compañía, de comunicación o de
protección), éstas no serán satisfechas y le producirán un dolor terrible y una
gran frustración.
Las consecuencias no se harán esperar: usted comenzará a sentir rabia y
violencia sin atreverse a darles salida. Entonces las guardará en su interior
convirtiéndolas en depresión y en enfermedades. Uno se enferma física y
psíquicamente. Puede entrar en situaciones graves como reducir o eliminar su
producción, su creatividad, y llegar a un estado de apatía e infelicidad total.
La raíz del problema:
Al buscar pareja, se persiguen ideales que están relacionados con la vida
familiar. Muchas veces éstos son conscientes y tienen que ver con situaciones
como la plenitud, la felicidad, la bondad y la compañía, entre otros.
La capacidad para “oler” el amor, la comprensión y la igualdad existirá si la
vida familiar se desarrolló en ese entorno. Pero si lo que vivió fue violencia,
abandono, maltrato y poco afecto, la persona puede tener la tendencia a buscar
eso mismo, y a repetir lo que hicieron con ella, entre otras cosas como
consecuencia de una baja autoestima, o bien por culpabilizar inconscientemente a
los demás por sus propios sufrimientos o daños morales que la vida o sus padres
le hayan propinado. Por supuesto, la pareja de una persona con estas
características tendrá muy seguramente que “llevar esta cruz” durante toda la
relación o ser causa de su fracaso.
Un gran número de los problemas que se presentan al elegir pareja tiene su
origen en una deficiencia muy marcada en la autoestima. María Cecilia Betancur,
psicóloga y autora del libro “Un amor que sirva o un adiós que libere”, dice que
la valoración positiva de sí mismo proporciona seguridad, independientemente del
concepto y aceptación externos.
Muchas personas que carecen de la confianza que da la autoestima manifiestan
actitudes perjudiciales y adoptan como mecanismo de defensa, formas de
comunicación que van en contra de los objetivos esenciales de una pareja: placer
y crecimiento. En estas condiciones pueden asumir actitudes tales como la
dominación, la ausencia (dejar las responsabilidades en manos del otro) o el
servilismo; otras veces recurren a la detracción (su gloria está basada en
descubrir y enfatizar los errores de su pareja: “mujer que no molesta es
hombre”), la justificación (culpar a otros de sus errores: “para qué me dejaste
que comprara eso”) y la regresión (burlarse continuamente de cualquier situación
o asumir posturas infantiles).
Por eso, la solución está dentro de uno mismo, cuidando que la elección de
pareja parta de ver la realidad y teniendo el valor de tomar la decisión de
terminar la relación a tiempo.
Recuerde: mientras cada persona colme mejor sus necesidades emocionales con
recursos propios, menos dependerá de su pareja. En muchos casos, la relación de pareja no cumple la función porque la
elección fue equivocada.
He aquí algunos factores que pueden llevar al fracaso:
Elegir y aferrarse a una persona sin tener el contacto suficiente como para
conocerla bien.
Pensar que no importan los defectos con tal de que en unas pocas cosas se
experimente felicidad.
Aceptar una relación que causa sufrimientos considerables esperando que
quizás algún día todo cambiará.
Interesarse más en el compañero que en sí mismo.
Unirse a una persona que no habla de sí misma, de sus intereses, familia,
trabajo...
Unirse a una persona para resolver problemas de soledad, de necesidad
económica, interés familiar, o por “sacarse un clavo”...