Habla, no te cortes. Sobre todo al principio no hables de cosas
profundas, ni difíciles, excepto que compruebes que la otra persona lo hace.
No hables de ti, o hazlo con mucha moderación y simpatía.
Utiliza el sentido del humor, ríete de ti mismo. Mantén un aire de seguridad
y autoconfianza. No le des la oportunidad de decir NO, ve haciéndole propuestas
poco a poco, de forma que no las pueda rechazar.
Muestra al principio un poco de indiferencia, hazte notar. Utiliza la
técnica del estímulo intermitente: un día dale cuerda y toda la atención del
mundo y al siguiente ninguna, así de forma alterna: atención-indiferencia.
No obrar siempre igual. Nunca mantengas un comportamiento predecible y siempre
amable, tienes que ser cambiante e impredecible. Emplea cierto misterio, pero no
te hagas el misterioso. A todos nos atrae el misterio, es bueno emplearlo.
Cuando veas que empieza a mostrar interés simula una retirada y finge
indiferencia. Este truco lo emplean todos. Sé paciente, aprende a esperar y a
recoger la cosecha a su tiempo. Precipitarse puede llevarnos al fracaso.
Trabájate al menos dos o tres personas a la vez, por si alguna te falla. Esto no
es muy ético, pero es muy práctico, qué le vamos a hacer. No desprecies ninguna
ocasión para salir, recuerda que todas las conquistas son horas de vuelo que
entran en tu currículum.
Más vale conquista en mano que cien proyectos... A lo mejor nos es
inalcanzable la persona de nuestros sueños, pero otra persona sí puede ser
posible de ligarla.
Inténtalo en todo momento, en todas
partes, en cualquier ocasión. Nunca se sabe. Aplica la
estadística: de cada cien intentos por lo menos diez pueden
ser un éxito. Con el tiempo, subirán los resultados.
Tienes que atreverte: si lo piensas, hazlo. No le digas:
“¿Te puedo besar?” ¡Dale el beso! ¡Mejor arrepentirse de
haberlo intentado que nunca haberse atrevido!. Es mejor
tener cierto de descaradez que no hacer lo que sientes.
Tampoco hacer una situación empalagosa. Cuando nada te
resulte, aprende a perder y a retirarte a tiempo. Nunca
alardees de tus conquistas, ni hagas gala de tus proezas.
Ten detalles inesperados, pero no agobies con obsequios.
Recuerda que es la práctica la que hace al maestro.
Asegúrate primero de tener un buen contacto ocular. Cruza la
mirada con la persona. La segunda vez que cruces la mirada
mantenla un par de segundos más de lo acostumbrado y sonríe.
Tu sonrisa debe ser leve, cariñosa y amistosa. Observa su
reacción: si te devuelve la sonrisa, todo va bien. En caso
contrario, insiste unas dos o tres veces más. Si todo va
bien, adelante; en caso contrario, desiste. En caso de que
devuelva la sonrisa, te acercas y dices “¡Hola!” y ya está.
Ahora bien: ¿qué le puedes decir?.
No hagas las preguntas típicas, sino pregúntale por su
nombre pero buscándote algo original que decirle, que le
haga sentir especial aunque no lo sea. Date cuenta de que a
la mayoría de nosotros nos hacen esto varias veces y
acabamos cansados de las mismas frases, por eso es bueno,
decir algo diferente. Si eres original, nunca se olvidarán
de lo que has dicho, y eso también es una forma de
conquistar a alguien.