A la hora de hacer sentir nuestro amor a la pareja, lo importante, no es lo
mucho que demos. Lo que cuenta es que lo que estemos dando sea lo que el otro
espera recibir y que lo que demos, lo hagamos desde el corazón, sin esperar nada
a cambio, para no cargar al otro con la deuda del agradecimiento, que después,
le cobraremos con altos intereses, especialmente, cuando no satisface nuestras
expectativas de retribución.
Una de las características más importantes de una persona madura es su capacidad
de compartir lo que posee. No podemos dar de lo que carecemos, es algo que
comúnmente escuchamos y es verdad, por eso es importante dar desde la abundancia
y no desde la carencia.
Si usted cuenta con trescientos pesos para el bus y alguien le pide cien
pesos, sería bastante duro dárselos, pues implicaría irse a pie. Pero si usted
cuenta para el bus con mil pesos y alguien le pide cien, no afectaría para nada
la posibilidad de irse en el bus.
Recibir cien pesos a costa del sacrificio del otro no es lo mismo que
recibirlos sin consecuencias negativas para el otro, porque le sobra. En el
primer caso, es inevitable quedar en deuda y en el segundo, quizás estemos
liberados de la gratitud. El amor es libre, sin condiciones, se da simplemente
por el deseo de dar.
No esperemos a que lleguen los momentos especiales para dar amor. No existen, es
algo que tiene que ver con el aquí y el ahora. Es un asunto de cada momento y no
está limitado exclusivamente al componente erótico o sexual del amor. También
tiene que ver con el componente de la amistad y el compromiso por el otro.
Algunas personas se esfuerzan mucho en conseguir grandes cosas para ofrecer al
otro. Pero dejan pasar una cotidianidad carente de expresiones de amor. Otros
creen que con cumplir con las obligaciones contraídas (mercado, casa, colegio,
carro, cuidado de los niños, estar pendiente del hogar) es suficiente.
Para no equivocarnos, tengamos en cuenta que una sonrisa, un abrazo, un te
quiero, un estoy contigo, un chocolate en la cama, un paraguas para la lluvia,
una llamada para anunciar un retraso, unas palabras de aliento, una flor en el
cuarto, puede ser lo que el otro está esperando en un momento dado y es lo que
necesita recibir.
Para saber que quiere el otro:
1) Escuche atentamente cada vez que el otro le hace un reclamo o se muestra
molesto. Detrás de esto hay un pedido de amor, algo que se desea, un por favor.
De ahora en adelante, en vez de justificarse o atacar al otro proporciónele lo
que este espera recibir.
2) Esté atento a los sentimientos del otro. Esto también lo guiará para dar amor,
porque no hay cosa más amorosa que ser comprendido y respetado en los
sentimientos. Ser abrazado cuando se está triste, escuchado cuando se está
preocupado, acogido cuando se tiene miedo, por ejemplo.
3) Tome nota de lo que su pareja expresa como importante, lo que desea, lo que
valora, especialmente cuando la observe interactuando con su familia o sus
amigos cercanos.
4) Pregúntele directamente: ¿Qué te hace feliz?, ¿Qué te gusta?, ¿De qué
forma te sientes amado por mí?
No condicione el dar; no piense en: "te doy para que me des" ó "dime cuánto me darás para saber
cuánto te doy". Si queremos dar amor, no debemos tener medidor cuantitativo ni
cualitativo. El amor debe darse sin temor a que se nos acabe o a que el otro
vaya a abusar.
Las personas que se quejan de dar demasiado son las que están dando para
obtener algo. Son las que consideran al otro como a su hijo al que tienen que
sobreproteger, cuidar, controlar y manipular. Con tales propósitos, lo empalagan
de regalos y ofrecimientos que el otro ni siquiera está interesado en recibir.
Parten de sus necesidades y no de las del otro. Recuerda que dar para recibir
sólo te lleva al resentimiento, desilusión, desengaño y generar culpa en el
otro.